Es sorprendente cómo el mundo de la impresión llega hasta la mesa. Cómo cambia la forma de comunicarnos, de compartir… y cómo gira el mundo de las ideas para satisfacer a los más exquisitos o sorprendentes paladares.
El Primer Congreso mundial de ciencia y cocina en Barcelona 2019 (Science & Cooking World Congress) se clausuro con uno de los ganadores de los Premios Sferic Awards el Premio 2007 a la innovación en la optimización de la aplicación del papel comestible y en la gasificación de productos, desarrolladas en el restaurante Moto por el equipo liderado por Homaro Cantu.

El papel comestible, elaborado normalmente con arroz, patata, maíz o trigo, es un viejo conocido. Éste ya se usa en muchos restaurantes, pero su aplicación comercial solo está empezando a ser ahora una realidad. Los libros ya no son solo para leerlos también ahora te los puedes comer.

Como la guía de supervivencia en el desierto editada por la compañía automovilística Land Rover. Esta guía proporciona las claves para evitar los peligros del entorno (en caso de encontrarnos perdidos en medio de las dunas) y aprovechar al máximo todos los recursos. “En caso de emergencia, cómase este libro”. La guía está fabricada en un tipo de papel comestible a base de patata y su impresión es a base de tinta orgánica. Lo que ofrece una ingesta calórica comparable a la de un Happy Meal.

Otro buen ejemplo sería el recetario editado por la agencia de publicidad alemana KOREFE. Su nombre es Das erste und einzige Kochbuch (El primer verdadero libro de cocina). En este caso “el único libro que se cocina” porque el recetario de KOREFE está «impreso» en pasta alimenticia.

El restaurante vasco Sagartoki ha realizado tarjetas de visita comestibles. Se trata de finas láminas vegetales compuestas en un 95% por verduras naturales -zanahoria, tomate o de pimientos-. Se completa con aditivos naturales como la fécula y extractos de alga marina que le permiten lograr la textura adecuada.

Si lo llevamos al packaging nos sorprenderán empresas como DoEat cuyos embalajes son comestibles. O la empresa indonesia Evoware que fabrica todo tipo de envases y papeles para envolver con algas que se disuelven totalmente en el agua. Pero no hay que irse tan lejos, ya en Los Zagales de Valladolid nos sorprendieron hace años con su Tigretostón. O su versión de La Pantera Rosa y la aclaración por parte del camarero “el envase se come, esta hecho con fécula de patata” impreso con tintas alimenticias.

Un apartado especial se merece la impresión gastronómica en 3D. El proyecto “Sushi Singularity” de la empresa asiática Open Meals fue presentado en la feria South by. Se trataba de la primera impresora en 3D de sushi, lo que va a revolucionar la comida impresa. Su fundador, un director de arte, tuvo una idea descabellada: si los colores se dividen en 4 elementos… ¿por qué no con la comida? Así, desarrollaron la versión alimenticia del CMYK, el SSSB, que significa Salty, Sour, Sweet and Bitter (salado, amargo, dulce y amargo). Después de realizar algunos experimentos con una impresora 2D y papel y tintas comestibles, creyeron que podría funcionar. Finalmente dieron un paso más, comenzar con la impresión 3D.

Tintas alimenticias, papeles de féculas, gelatinas… Un mundo aún por descubrir que nos permite a todas las empresas de la comunicación gráfica reinventarnos.

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